lunes, 29 de septiembre de 2008

LA MORCILLA DE BURGOS

Existen muchas cosas que llevan el apellido de nuestra tierra como seña de identidad, una de ellas es la afamada e insigne Morcilla de Burgos, (así con mayúsculas). Aunque es el mismísimo Platón quien atribuye que fue concebida por su paisano Aftónites, no se sabe con certeza su procedencia, bien pudiera ser burgalesa y haber viajado a aquellas latitudes, en cualquier caso es también loada, cual si de un héroe se tratara, por Homero en su Odisea y es posible que Ulises no hubiera vuelto a Ítaca sin el aporte proteico de tan singular producto.


S.M. LA MORCILLA DE BURGOS
Su etimología, ya documentada en el 1.400, es puramente castellana y es posible que proceda del prerromano ibérico “morcón” a través de su derivado “murcella”, ambos emparentados con el término céltico “mukorno”, (muñón), el portugués “morcela” y el vascongado “mukarra”. No obstante y con una raíz parecida, existe muy cerca de la Ciudad de Burgos (8 kmts.), la antigua población de Morquillas, nacida al amparo de la fundación de la Ciudad en el 884 y en la misma Ciudad existe, desde siempre, un barrio y calle denominados “El Morco”.
Por otra parte está la voz “morcuero” que emana de los májanos de piedras que se construían como ofrenda a Mercurio, pero pensamos que no tiene nada que ver con lo anteriormente expuesto, aunque en latín vulgar y descendiente del griego “amaurós”, también existe el término “mauricellus”, diminutivo de “maurus” (moro), que bien pudiera aludir al color negro de este sabroso manjar que nos ocupa, no si bien ya hemos visto que existen antecedentes más antiguos y además no han trascendido a otras lenguas romances ni al italiano actual ya que allí este tipo de embutidos se denominan “sanguinaccio”.
Baltasar del Alcázar “El Poeta Gastrónomo” de nuestro Siglo de Oro, llegó a ensalzarla como: “!Oh, gran señora digna de veneración!” y en el teatro existe una acepción diferente del término que se refiere, desde antiguo, a los añadidos que algún actor mete de su invención, a veces como recurso, durante una representación. A este respecto, el célebre José Luis López Vázquez, quien suele utilizar estas técnicas, siendo esperadas y aplaudidas por el público, nos decía que las mejores morcillas no son las suyas si no las de Burgos.
Entre nuestra paremiología existen refranes como: “Morcilla cular, a muchos ofrecen y a pocos dan”, “Donde has hecho astillas, que te den morcilla”, “Carne en calceta, que la coma quien la meta” o “La morcilla reciente, cómela con tu pariente”, todos ellos alusivos a nuestra morcilla.
También existe la conocida expresión: “¡Que te den morcilla!”, con la que rechazamos a alguien y que proviene de la costumbre que existía, en epidemias de rabia, de eliminar a los perros infectados con trozos de este producto envenenados.
Otra posibilidad, esta ya de germanías, es la que se utiliza como eufemismo de pene y ya casi, como que voy concluyendo este apartado etimológico, pues corro el riesgo de “repetirme como las morcillas”, modismo, este último, también profusamente utilizado.


Entre nuestras tradiciones, existe la inmemorial de celebrar con una “morcillada” en la vecina Cartuja de Miraflores, a S. Bruno (6 de Octubre) quien fue el fundador de la Orden Cartujana, lo mismo que nos acercamos el día de San Martín a la próximas localidades de Sotopalacios y Vivar del Cid (cuna de nuestro héroe), para saborear esta suculenta vianda.
La citada Cartuja de Miraflores, se mandó construir como enterramiento de Juan II de Castilla, donde yace, en el tal vez, más soberbio sepulcro gótico. Su hija Isabel I de Castilla “La Católica”, en unas ordenanzas suyas de 1.526 ya dicta normas sobre su correcta elaboración: “Los que vendieren o ficcieren morcillas para las vender en la dicha ciudad o en su tierra, que las fagan de tripas y sangre de puerco y no de sangre de vaca ni de carnero ni de otro animal”.

Nuestra Morcilla de Burgos esta asociada a las características de nuestro clima invernal que favorece su oreo y conservación y es básica en nuestra gastronomía ya que suele aportar sustancia a diferentes platos como la insuperable “Olla podrida” o el cocido típico, aunque se suele degustar sola o acompañada de huevos fritos o tiras de pimiento rojo asado, ya sea cruda (recién cocida), frita o asada, pero siempre bien caliente y a ser posible reciente.
Su elemento diferenciador es la cebolla “horcal”, una variedad autóctona de gusto suave, picor moderado y con una peculiar cáscara que garantiza su conservación ya que se solían cultivar esmeradamente en la huerta de cada familia, cosechándose en otoño, colgándose después en ristras, en lugar seco y aireado hasta su utilización.


Aunque antaño, las morcillas, se elaboraban durante la matanza del cerdo, hoy en día existe un centenar de empresas dedicadas a su elaboración tradicional agrupadas en La Asociación de Fabricantes de Morcilla de Burgos, quien vela por su promoción y homologación, con una producción estimada de 10.000 Tm., habiendo traspasado ya ampliamente los mercados territoriales para introducirse en otros mas lejanos como apreciada gollería exigida por los gourmets mas exquisitos.

Sus ingredientes básicos son: cebolla, sangre de cerdo, arroz y manteca, a la que se añaden diferentes especias, según zonas, pues coexisten las variedades de: Cardeña, Arlanzón, Sotopalacios, Covarrubias, Miranda de Ebro o Aranda de Duero, entre otras, y cada una con un toque singular ya sea de orégano, pimienta negra, pimentón, canela, alcaravea, clavo, tomillo o incluso anís. En cualquier caso, de esta morcilla nuestra siempre se ha dicho que debe ser: “sosa, grasosa y picajosa”, o también: “piripicante” y “piripisosa”.


Como ya hemos dicho, la elaboración de las morcillas se realizaba durante la matanza del cerdo, costumbre ancestral que suponía una fiesta y por la que las familias disponían de carne durante casi todo el año ya que las despensas se llenaban de jamones, perniles, chorizos, picadillo, tocino y patas, orejas, costillas o careta, estas últimas en adobo o debidamente conservadas en orzas de barro con aceite.

Dicha matanza tenia lugar a mediados de Noviembre, de aquí el dicho: “A cada cerdo le llega su San Martín” (11 de Noviembre), allí, una vez sujeto el cerdo por varios hombres, el matarife le realizaba un corte en el cuello procediéndose a recoger toda su sangre que se debe batir para evitar que se coagule.
Una vez extraído el vientre y la manteca y bien lavadas las tripas se cortan estas a un tamaño promediado de 15 cts., cosiéndose o atándose por uno de sus extremos, mientras tanto se mezclan bien y a partes iguales: la cebolla muy picada, el arroz y la manteca con la sangre, (la cantidad de esta última suele ser un 25% más que las otras), se le añade poca sal, bastante pimienta y las especias reseñadas al gusto. Una vez reposada esta mezcla, por algunos llamada “bodrio” y por otros “mondongo”, se “entripa” a mano ayudándose de un embudo gordo, eso si, teniendo especial cuidado en no llenar las tripas más del 50%, pues de lo contrario pudieran explotarse al hincharse el arroz durante la cocción.
Ya cosido o anudado el otro extremo con hilos mas largos para después colgarlas, se introducen las morcillas en una caldera de cobre para darlas un hervor suave durante aproximadamente una hora, durante la cocción pasan del tono rojizo a su característico color negro, y hay que estar pendiente de las que floten a la superficie para pincharlas con una aguja “matancera”, para evitar que revienten por acumulación de gases, aunque tradicionalmente se solía introducir en el caldo una moneda de cobre a estos mismos efectos.
Concluida la cocedura se extraen una a una, disponiéndolas sobre lenzuelos de sabana basta para que se enfríen y se sequen para posteriormente colgarlas al oreo en sitio reservado, desde donde se van retirando según se consumen.
El caldo restante en la caldera, donde ha quedado la “enjundia” de las morcillas, se llama “caldo mondongo” o “calducho”, es muy graso y se consume al momento, como consomé entrante de la colación típica de la matanza, para combatir los rigores invernales.

GRAN CÁPITULO DE LA COFRADÍA DE LA MORCILLA BURGENSIS

Entre las sociedades gastronómicas de Burgos existe la “Muy Sabia Cofradía de la Morcilla Burgensis”, hermanada con otras de Francia como la “Confrerie des Chevaliers du Goute Boudin”, en cuyo capitulo, La Morcilla de Burgos fue reconocida con la Medalla de Oro, entre otras más de setecientas internacionales que se la disputaban, e igualmente ha sido distinguida por las Cofradías Portuguesas: “La Panela ao Lume”, “Vinho do Porto” y “Vinho Verde” entre cuyos cofrades se encuentran el Rey D. Juan Carlos y el Príncipe Felipe.

sábado, 13 de septiembre de 2008

BURGOS PRIMA VOCE

Entre los lambrequines que exornan el blasón de la Ciudad de Burgos pueden leerse, “desde siempre”, sus títulos mas honrosos: "CAPUT CASTELLAE", "CAMERA REGIA", "PRIMA VOCE", ET FIDE", es decir: Cabeza de Castilla, Cámara del Rey, Primera en la Voz y La más Fiel.
Este antiquísimo escudo, conocido ya en las antiguas crónicas como el “Caput,” aparece documentado en 1259 junto a otras distinciones como la de: “Quae Reges Peperit” (la que parió a los reyes), aunque el emblema es, a todas vistas, muy anterior, probablemente unido al rango de “Ciudad Permanente” alcanzado allá por el 884. La presencia en él de la figura del rey indica que Burgos ya era la sede de la Corte Castellana como Capital de Castilla, desde donde se administraba la Real Justicia y se acuñaba la moneda y la ciudad donde nacían, habitaban y se enterraba a los reyes.

La nominación como PRIMA VOCE, alude a la prerrogativa inmemorial que otorgaba a los representantes de la Ciudad el privilegio de ser los primeros en hablar en las Cortes, es decir, de ser la PRIMERA VOZ, y también de sentarse los primeros a la derecha del rey, de tal forma que aquellas sesiones comenzaban con la frase ritual pronunciada por el Soberano diciendo: “QUE HABLE BURGOS”.

Este derecho adquirido por Burgos, como Cabeza de Castilla, siempre fue codiciado por otras poblaciones del reino, y generó grandes controversias, sobre todo con Toledo, cuyos procuradores se enzarzaron en verdaderas luchas políticas por la preeminencia de esta potestad.

Ya en unas cortes convocadas por Alfonso XI, tiene el rey que dirimir estas diferencias, otorgando las sabidas palabras de: “HABLE BURGOS, QUE YO HABLARÉ POR TOLEDO", reconociendo de esta forma que los procuradores de la Cabeza de Castilla debían de pronunciarse incluso antes que el propio Rey. Según ha trascendido, esta cuestión ya entonces llegó a ser de extrema gravedad, siendo defendida la causa burgalesa por D. Juan Núñez de Lara, mientras que la toledana lo era por el propio infante D. Juan Manuel.

El hijo de Alfonso XI, el burgalés Pedro I, se ve también inmerso en esta controvertida cuestión, teniendo que reafirmar lo dispuesto por su padre en los siguientes términos rescatados de un acta de la época:
“SEPAN QUANTOS ESTA CARTA VIEREN COMO YO DON PEDRO, POR LA GRACIA DE DIOS REY DE CASTILLA, DE TOLEDO, DE LEON, DE GALICIA, DE SEVILLA, DE CORDOVA, DE MURCIA, DE JAEN, DE ALGECIRA E SEÑOR DE MOLINA; PORQUE FALLÉ QUE TOLEDO DE TIEMPO DE LOS REYES GODOS ACA, FUÉ E ES POBLADA DE CABALLEROS FIJOSDALGO DE LOS BUENOS LUGARES DE ESPAÑA, E NO LOS DIERON PENDON NI SELLO, E FUERON E SON MERCED DE LOS REYES ONDE YO VENGO, NIN HAN SINON EL MIO; E PORQUE LO FALLÓ ASSI EL REY DON ALFONSO MIO PADRE, QUE DIOS PERDONE, EN LAS CORTES QUE FIZO, E ERA CONTIENDA QUALES FABLARIAN PRIMERAMENTE EN LAS CORTES, POR ESTA RAZÓN TUVO ÉL POR BIEN DE FABLAR EN LAS DICHAS CORTES POR TOLEDO. E POR ESTO YO TUVE POR BIEN DE FABLAR EN LAS CORTES QUE YO AGORA FIZE AQUI, POR TOLEDO. DADA EN LAS CORTES A LOS NUEVE DIAS DE NOVIEMBRE . ERA DE MIL TRECIENTOS E OCHENTA E NUEVE. YO EL REY.

Como vemos esta real cedula no hace si no reafirmar el privilegio de Burgos de hablar en Cortes incluso antes que el propio Rey, reservándose él, el derecho de hablar por Toledo con posterioridad, incluso darles su pendón y su sello pues carecían de ellos, mientras que Burgos ya ostentaba en su blasón entre otros títulos el de Prima Voce.

La pretensión toledana siguió en el tiempo, así en 1760 en la coronación de Carlos III surge de nuevo la cuestión cuando los procuradores se determinaban a prestar juramento, teniendo que intervenir de nuevo el rey en los siguientes términos: “TOLEDO JURARÁ CUANDO YO LO MANDASE: JURE BURGOS”.

Ya en nuestros días, hay que reconocer que un diputado en Cortes por Burgos, el recientemente fallecido D. Juan Manuel Reol Tejada, intentó que se siguiese reconociendo este derecho de primacía en la voz, y aunque no se le otorgó por no estar así dispuesto en el reglamento de esta Alta Cámara, dejó por lo menos reflejado en acta este privilegio que Burgos ostenta desde tiempos inmemoriales.